Consagrados para servir

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Texto bíblico: Levítico 8

Pastor: Carlos Perez

Levítico 8 marca el comienzo de una nueva sección dentro del libro. Después de presentar las instrucciones relacionadas con los sacrificios, Dios dirige nuestra atención hacia la consagración de Aarón y de sus hijos para el servicio sacerdotal. Estos hombres habían sido escogidos para servir delante de Dios en favor del pueblo, pero no podían ejercer este ministerio según su propia iniciativa ni acercarse a Dios de cualquier manera.

La ceremonia comenzó públicamente, ante la congregación de Israel. De esta manera, el pueblo podía reconocer que Aarón y sus hijos no habían tomado el sacerdocio para sí mismos. Su autoridad no procedía de sus capacidades personales, de la aprobación popular ni de una ambición humana. Dios los había llamado y apartado para este oficio.

A lo largo del capítulo se repite la expresión: «como el Señor había mandado a Moisés». Esta repetición enfatiza que Moisés no tenía autoridad para modificar la ceremonia, añadir elementos de su propia imaginación o adaptarla a sus preferencias. Dios mismo determinaba la manera en que los sacerdotes debían ser consagrados y cómo su pueblo debía acercarse a Él. La adoración aceptable no nace de la creatividad humana, sino de la obediencia a la Palabra de Dios.

Antes de comenzar su servicio, Aarón y sus hijos tuvieron que ser lavados, vestidos, ungidos y cubiertos por los sacrificios establecidos por Dios. Aunque habían sido escogidos para ministrar en favor del pueblo, ellos también eran hombres pecadores que necesitaban limpieza y expiación. Su posición sacerdotal no los hacía santos por naturaleza ni les permitía acercarse a Dios basándose en sus propios méritos.

La ceremonia de ordenación nos comunica dos verdades fundamentales.

La primera es que necesitamos santidad para acercarnos a Dios. El Dios que se reveló en Levítico es absolutamente santo. Su gracia no elimina su santidad ni nos autoriza a tratar su presencia con irreverencia. Dios redimió a Israel para habitar en medio de su pueblo, pero quienes disfrutaban de esa comunión también eran llamados a caminar en santidad.

Esta misma verdad aparece cuando Dios se manifestó a Moisés en la zarza ardiente. Moisés recibió la orden de no acercarse descuidadamente y de quitarse las sandalias, porque se encontraba en tierra santa. El terreno era santo porque allí se había manifestado la presencia de Dios. De manera semejante, Aarón y sus hijos debían reconocer que estaban siendo consagrados para servir continuamente delante de un Dios santo.

Nosotros tampoco podemos acercarnos a Dios por medio de nuestros méritos, nuestra posición religiosa o nuestras buenas obras. Solamente podemos hacerlo por medio de Jesucristo. Él nos limpia de nuestros pecados y nos presenta aceptables delante del Padre. Sin embargo, quienes hemos sido perdonados y acercados por Cristo también somos llamados a vivir en santidad. La gracia no disminuye la santidad de Dios; la cruz demuestra cuán santo es Él y cuán grave es nuestro pecado.

La segunda verdad es que necesitamos un Sumo Sacerdote perfecto. Aarón y sus descendientes no podían ofrecer una salvación completa porque ellos también eran pecadores, necesitaban sacrificios por sus propios pecados y finalmente morían. Su sacerdocio era temporal e imperfecto, y señalaba hacia la venida de alguien mayor.

Hebreos 7 nos enseña que Jesucristo es ese Sumo Sacerdote superior. Él es santo, inocente, inmaculado y permanece para siempre. A diferencia de los sacerdotes del antiguo pacto, Cristo no necesitó ofrecer un sacrificio por sus propios pecados. Él se ofreció a sí mismo, una vez y para siempre, como el sacrificio perfecto por su pueblo. Ahora vive eternamente para interceder por todos los que se acercan a Dios por medio de Él.

Los sacerdotes eran llamados por Dios; Jesús fue enviado por el Padre. Los sacerdotes eran apartados para servir en la presencia divina; Jesús vive en perfecta comunión con el Padre. Los sacerdotes eran lavados ceremonialmente; Jesús es completamente puro y sin pecado. Ellos eran ungidos con aceite; Cristo fue ungido por el Espíritu Santo para cumplir perfectamente su ministerio como Mesías y Gran Sumo Sacerdote.

Todo lo que el sacerdocio de Israel representaba de manera ceremonial, temporal e imperfecta encuentra su cumplimiento definitivo en Jesucristo. Por medio de Él podemos acercarnos a Dios con plena confianza, sabiendo que nuestra salvación no descansa en nuestra perfección, sino en la perfección de su persona, de su sacrificio y de su intercesión.

Por lo tanto, acerquémonos a Dios con confianza, pero también con reverencia; con gratitud, pero también con un deseo sincero de vivir en santidad. Hemos sido limpiados y acercados por Cristo, no para vivir para nosotros mismos, sino para servir al Dios santo que nos llamó y nos hizo suyos.

Preguntas de Estudio

  1. Por qué la ordenación de Aarón y de sus hijos debía realizarse públicamente ante la congregación de Israel?
  2. ¿Qué enseña la repetición de la frase «como el Señor había mandado a Moisés» acerca de la adoración y la obediencia?
  3. ¿Por qué Aarón y sus hijos necesitaban ser lavados y cubiertos mediante sacrificios antes de servir como sacerdotes?
  4. ¿Qué nos revela la ceremonia de ordenación acerca de la santidad de Dios y de la condición pecaminosa del ser humano?
  5. ¿Cómo ayuda la experiencia de Moisés ante la zarza ardiente a comprender el mensaje de Levítico 8?
  6. ¿Por qué la gracia de Dios nunca debe convertirse en una excusa para tratarlo con irreverencia o vivir indiferentes ante el pecado?
  7. ¿Cuáles eran las limitaciones del sacerdocio de Aarón y por qué se necesitaba un Sumo Sacerdote mejor?
  8. Según Hebreos 7:22–28, ¿de qué maneras es Jesucristo superior a los sacerdotes del antiguo pacto?
  9. ¿Cómo cambia nuestra seguridad espiritual saber que Cristo vive permanentemente para interceder por nosotros?
  10. ¿Qué cambios concretos deben producirse en nuestra adoración, lucha contra el pecado y servicio a Dios al reconocer que hemos sido limpiados y acercados por Cristo?

Study Questions in English

  1. Why did the ordination of Aaron and his sons need to take place publicly before the congregation of Israel?
  2. What does the repeated phrase “as the Lord commanded Moses” teach us about worship and obedience?
  3. Why did Aaron and his sons need to be washed and covered by sacrifices before serving as priests?
  4. What does the ordination ceremony reveal about God’s holiness and humanity’s sinful condition?
  5. How does Moses’ experience at the burning bush help us understand the message of Leviticus 8?
  6. Why should God’s grace never become an excuse to treat Him irreverently or live carelessly toward sin?
  7. What were the limitations of Aaron’s priesthood, and why was a better High Priest necessary?
  8. According to Hebrews 7:22–28, in what ways is Jesus Christ superior to the priests of the old covenant?
  9. How does knowing that Christ lives forever to intercede for us strengthen our spiritual assurance?
  10. What practical changes should take place in our worship, our fight against sin, and our service to God when we recognize that Christ has cleansed us and brought us near?

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