La Ética Sexual del Cristiano

Pastor: Carlos Perez. M.A.T

Hay días en que nuestro mayor consuelo es saber que Dios ve lo que nadie más ve. Él conoce la carga que llevamos al trabajo, la preocupación que nos quita el sueño y la oración que apenas sabemos expresar. Esa misma verdad nos alcanza cuando cerramos la puerta de nuestra habitación. También allí vivimos delante de Dios. Lo que hacemos con nuestro cuerpo, los deseos que alimentamos y la manera en que tratamos a otra persona en la intimidad le importan al Señor.

Antes de darle a Israel un solo mandamiento acerca de su conducta sexual, Dios le recuerda quién es el que habla. «Yo soy el SEÑOR vuestro Dios» (Levítico 18:2). En esas palabras descansa el fundamento de la ética sexual del cristiano. El que nos habla es nuestro Creador. Él hizo al hombre y a la mujer a su imagen, y de su bondad recibimos el regalo de la intimidad sexual. Pero hay algo más en la expresión «vuestro Dios». Quien daba estos mandamientos era el mismo que había hecho de Israel su pueblo. Sus instrucciones expresaban su carácter santo y enseñaban a quienes le pertenecían a disfrutar de sus dones de una manera que honrara su nombre.

Israel conocía las costumbres de Egipto y pronto conocería las de Canaán. En Levítico 18:3–5, Dios le dice al pueblo cómo conducirse entre esas dos influencias. Debía guardar sus estatutos y andar en ellos. Nosotros también aprendemos a pensar acerca de la sexualidad mucho antes de detenernos a examinar lo que creemos. Una serie puede llevarnos a celebrar la infidelidad de un personaje porque deseamos verlo feliz. Una conversación entre amigos puede hacernos sentir anticuados por sostener una convicción bíblica. Vale la pena preguntarnos en esos momentos quién está formando nuestro juicio. Cuando un relato consigue que simpaticemos con una decisión, todavía necesitamos examinar esa decisión a la luz de la Palabra de Dios.

Los versículos 6–23 llevan esta verdad al terreno de las relaciones concretas. Dios establece límites dentro de la familia, condena el adulterio y prohíbe, entre otras prácticas, las relaciones sexuales entre varones y el bestialismo. Estos ejemplos se entienden mejor a la luz de Génesis 2:20–24. Allí vemos a Dios formar a la mujer, traerla al hombre y establecer el matrimonio como la unión en la que los dos llegan a ser una sola carne. Comprender el bien que Dios quiso darnos nos ayuda a entender por qué le importa tanto cómo lo usamos.

En medio de estas instrucciones aparece un mandamiento que puede sorprendernos. Dios prohíbe a los israelitas ofrecer sus hijos a Moloc (Levítico 18:21). ¿Qué tiene que ver la idolatría con la vida sexual? Romanos 1:22–27 nos ayuda a ver la relación. Lo que adoramos acaba influyendo en lo que hacemos con nuestro cuerpo. Cuando el placer ocupa el lugar que le corresponde al Creador, un deseo puede llegar a parecernos razón suficiente para desobedecerlo. Por eso, el examen más difícil a veces comienza después de reconocer que una conducta está mal. ¿Qué deseo tanto que estoy dispuesto a justificarla?

Levítico 18 termina con las palabras que le dieron sentido desde el principio. «Yo soy el SEÑOR vuestro Dios» (v. 30). Para quienes hemos sido redimidos por Cristo y adoptados como hijos de Dios, la obediencia brota de saber a quién pertenecemos. Podemos acudir a nuestro Padre con aquello que nos avergüenza, confesar nuestro pecado y volver a andar conforme a su Palabra. La meta de la ética sexual del cristiano es que la santidad del Dios que confesamos en público se refleje también en nuestra intimidad, allí donde solo él ve cuán en serio tomamos su bondad y cuánto confiamos en su palabra.

Diez preguntas de estudio y aplicación

  1. Lee Levítico 18:1–5, 30. ¿Qué aportan las palabras «vuestro Dios» a la declaración «Yo soy el SEÑOR»? ¿Cómo influye esa relación en la manera de recibir los mandamientos del capítulo?
  2. Lee Génesis 1:27–28. ¿Qué relación encuentras entre haber sido creados a imagen de Dios y nuestra responsabilidad por lo que hacemos con el cuerpo?
  3. Compara Levítico 18:3 con los versículos 4–5. ¿Qué debía dejar atrás Israel de lo aprendido en Egipto y qué debía aprender a hacer en su lugar? ¿Dónde ves la necesidad de un cambio parecido en tu manera de pensar?
  4. Piensa en una historia, una canción o una conversación reciente. ¿Qué idea transmitía acerca del amor, el placer o la fidelidad? ¿Qué pasaje bíblico te ayudaría a evaluar esa idea y por qué?
  5. Lee Génesis 2:20–24 junto con Levítico 18:6–23. ¿Qué bien establece Dios en Génesis y cómo te ayuda a comprender los límites que luego establece en Levítico?
  6. Observa las palabras «maldad», «abominación» y «perversión» en Levítico 18:17, 22–23. ¿Qué revelan acerca de cómo Dios juzga estas prácticas? ¿Qué tendemos a pasar por alto cuando evaluamos una conducta únicamente por sus consecuencias visibles?
  7. Relaciona Levítico 18:21 con Romanos 1:22–27. ¿Qué conexión establece Pablo entre la adoración y el uso del cuerpo? ¿Cómo ayuda esa conexión a entender por qué la prohibición de ofrecer hijos a Moloc merece atención en este capítulo?
  8. Piensa en la promesa de libertad que suele acompañar la búsqueda del placer. ¿Cómo podrías reconocer que un deseo ha empezado a gobernarte? ¿Qué estarías dispuesto a justificar con tal de satisfacerlo?
  9. El mensaje presenta la ley de Dios como guía para quienes ya han sido redimidos en Cristo. ¿Cómo cambia nuestra respuesta al descubrir un pecado íntimo cuando recordamos que en Cristo podemos acercarnos a Dios como hijos?
  10. Vuelve a leer Levítico 18:30. Si la meta es reflejar la santidad de Dios también en la intimidad, ¿qué decisión concreta podrías tomar esta semana para honrarlo en algo que solo él y tú conocen?

Christian Sexual Ethics — Ten Questions for Study and Application

  1. Read Leviticus 18:1–5 and verse 30. When God says, “I am the LORD your God,” what do the words “your God” tell us about his relationship with Israel? How does that relationship shape the way we hear the commands in this chapter?
  2. Read Genesis 1:27–28. How does being created in God’s image shape our responsibility for what we do with our bodies?
  3. Compare Leviticus 18:3 with verses 4–5. Which practices that Israel had learned in Egypt did God call them to leave behind? How were they to live instead? Where do you see a similar need for change in your own thinking?
  4. Think of a story, a song, or a recent conversation. What did it suggest about love, pleasure, or faithfulness? Which Bible passage would help you evaluate that idea, and why?
  5. Read Genesis 2:20–24 alongside Leviticus 18:6–23. What good gift does God give in Genesis? How does that gift help you understand the boundaries he sets in Leviticus?
  6. Notice the words “wickedness,” “abomination,” and “perversion” in Leviticus 18:17, 22–23. What do these words tell us about how God views the practices described in these verses? What might we overlook when we judge an action only by its visible consequences?
  7. Read Leviticus 18:21 alongside Romans 1:22–27. What connection does Paul draw between what we worship and how we use our bodies? How does that connection help you understand why the command against offering children to Molech appears in this chapter?
  8. Think about the freedom people often associate with pursuing pleasure. How can you tell when a desire has begun to control you? What might you find yourself justifying in order to satisfy it?
  9. Consider how God’s law guides those whom Christ has redeemed. When we recognize sin in our private lives, how does knowing that we can come to God as his children shape our response?
  10. Read Leviticus 18:30 again. If our calling is to reflect God’s holiness even in private, what is one specific choice you could make this week to honor him in an area of life that only you and he know about?

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