Verdades que transforman

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Pastor: Carlos A. Perez. MAT

Levítico 8 relata la ceremonia mediante la cual Aarón y sus hijos fueron consagrados para servir como sacerdotes delante de Dios. Cada detalle el lavamiento, las vestiduras, los sacrificios, la sangre y la permanencia en la tienda de reunión revelaba la santidad de Dios, la gravedad del pecado y la necesidad de un mediador que representara al pueblo delante de Él.

Estas ceremonias no fueron dadas solamente para informarnos acerca de la adoración de Israel. Contienen verdades que encuentran su cumplimiento perfecto en Cristo y que deben transformar la manera en que vivimos. La primera de ellas es que en Cristo gozamos de plena seguridad.

Durante la consagración sacerdotal se ofrecían un novillo y dos carneros. La ofrenda por el pecado proporcionaba purificación ceremonial; el holocausto expresaba aceptación y consagración a Dios; y el carnero de la consagración apartaba a Aarón y a sus hijos para el ministerio sacerdotal. La seguridad de aquellos sacerdotes dependía del cumplimiento cuidadoso de cada una de las instrucciones divinas.

Nuestra seguridad, sin embargo, no descansa en la perfección con la que realizamos una ceremonia ni en la fidelidad de un mediador meramente humano. Descansa completamente en la persona y la obra de Jesucristo. Él es el Sumo Sacerdote santo, inocente, inmaculado y apartado de los pecadores que se ofreció a sí mismo una sola vez y para siempre. Su sacrificio no necesita repetirse porque fue plenamente suficiente para obtener el perdón y la redención de todos los que creen en Él.

La concepción virginal de Jesús confirma que Él no fue un hombre común. Fue concebido sobrenaturalmente en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo y nació sin pecado. Por eso pudo ser el sacrificio perfecto por nuestros pecados y el Mediador eterno entre Dios y los hombres. Nuestra seguridad descansa en que aquel que nos representa delante del Padre es completamente santo, perfecto e inmaculado.

La consagración de los sacerdotes también apuntaba hacia la obediencia perfecta de Cristo. La sangre colocada sobre la oreja, la mano y el pie representaba una vida enteramente dedicada a escuchar a Dios, servirle y andar en sus caminos. Lo que aquellos sacerdotes representaban ceremonialmente, Jesús lo cumplió de manera real y perfecta. Él comunicó fielmente las palabras del Padre, hizo siempre su voluntad y se entregó completamente para llevar a cabo nuestra salvación.

La obra sacerdotal de Cristo no terminó con su sacrificio en la cruz. Él resucitó, ascendió a los cielos y continúa intercediendo por su pueblo. Su intercesión es santa porque Él no tiene pecado; celestial porque ministra delante del Padre; perpetua porque posee una vida indestructible; protectora porque responde a las acusaciones del enemigo; particular porque conoce e intercede por cada uno de los suyos; y compasiva porque comprende nuestras debilidades y puede socorrernos en medio de la tentación y el sufrimiento.

¡Qué gran Salvador tenemos! Nuestra confianza no depende de la intensidad de nuestras emociones, de la perfección de nuestro desempeño ni de nuestra capacidad para conservarnos a nosotros mismos. Descansa en Cristo, cuya persona es perfecta, cuyo sacrificio es suficiente y cuya intercesión nunca cesa.

Pero esta seguridad también trae consigo una gran responsabilidad. La gracia que nos consuela es la misma gracia que transforma nuestra vida. En Cristo hemos sido hechos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios”. Por tanto, no hemos sido salvados para vivir indiferentes, sino para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

La seguridad que tenemos en Cristo no produce pasividad, sino gratitud, adoración y obediencia. Debido a que nuestro Mediador es perfecto, podemos acercarnos a Dios con confianza. Y debido a que hemos sido comprados por Él, debemos consagrar nuestros oídos para escuchar su Palabra, nuestras manos para servirle y nuestros pies para andar conforme a su voluntad.

Preguntas de estudio en español

  1. ¿Qué función cumplían la ofrenda por el pecado, el holocausto y el carnero de la consagración en Levítico 8, y qué revelaban acerca de las necesidades del adorador?
  2. ¿Cómo demuestra el cuidado requerido en la ordenación sacerdotal la santidad de Dios y la gravedad del pecado humano?
  3. ¿En qué se diferencia la seguridad de Aarón y sus hijos al acercarse a Dios de la seguridad que los creyentes poseen en Cristo?
  4. Según Hebreos 7:26–27, ¿qué cualidades hacen de Cristo el Sumo Sacerdote perfecto y suficiente?
  5. ¿Por qué la concepción virginal de Jesús es fundamental para comprender su idoneidad como sacrificio y Mediador sin pecado?
  6. ¿Qué representaba la sangre colocada sobre la oreja, la mano y el pie de los sacerdotes, y de qué manera cumplió Cristo perfectamente esa consagración?
  7. ¿Qué enseñan Juan 12:49 y Hebreos 10:5–7 acerca de la obediencia de Cristo a la voluntad del Padre?
  8. ¿Qué significa que la intercesión de Cristo sea santa, celestial, perpetua, protectora, particular y compasiva? ¿Cuál de estas verdades necesita recordar especialmente en este momento?
  9. ¿Qué temores, sentimientos de culpa o esfuerzos humanos compiten actualmente con su confianza en la suficiencia de Cristo?
  10. Según 1 Pedro 2:9, ¿qué responsabilidad acompaña a nuestra seguridad en Cristo, y cómo puede anunciar concretamente las virtudes de Dios en su hogar, iglesia y comunidad?

Study Questions in English

  1. What purposes did the sin offering, the burnt offering, and the ram of ordination serve in Leviticus 8, and what did they reveal about the worshiper’s needs?
  2. How does the careful obedience required in the priestly ordination demonstrate God’s holiness and the seriousness of human sin?
  3. How was the security of Aaron and his sons when approaching God different from the security believers now possess in Christ?
  4. According to Hebrews 7:26–27, what qualities make Christ the perfect and sufficient High Priest?
  5. Why is the virginal conception of Jesus essential for understanding His fitness to be our sinless sacrifice and Mediator?
  6. What did the blood placed on the priests’ ear, hand, and foot represent, and how did Christ perfectly fulfill that consecration?
  7. What do John 12:49 and Hebrews 10:5–7 teach us about Christ’s obedience to the Father’s will?
  8. What does it mean that Christ’s intercession is holy, heavenly, continual, protective, personal, and compassionate? Which of these truths do you especially need to remember right now?
  9. What fears, feelings of guilt, or human efforts are presently competing with your confidence in Christ’s sufficiency?
  10. According to 1 Peter 2:9, what responsibility comes with our security in Christ, and how can you practically proclaim God’s excellencies in your home, church, and community?

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