Pastor Carlos Perez. M.A.T
Colosenses 4:2-6
La iglesia de Cristo no ha sido llamada a una vida pasiva, sino a una misión activa en medio de un mundo que se opone a Dios. En Colosenses 4:2–6, el apóstol Pablo nos recuerda que avanzar el Reino de Dios requiere mucho más que buenas intenciones. Para vanzar el reino de Dios entre los hombres se:
Requiere diligencia en la oración
Pablo, aun siendo apóstol, reconoce su necesidad de depender completamente de Dios. Por eso, después de exhortar a los creyentes a perseverar en la oración, les pide que también oren por él y por sus colaboradores, para que Dios les abra puerta para la palabra. Esa petición nos enseña una verdad fundamental: el avance del Reino de Dios no depende de la capacidad humana, sino del poder de Dios obrando en respuesta a la oración.
Esto es especialmente importante porque la misión de la iglesia se lleva a cabo en medio de un conflicto espiritual real. La Escritura enseña que la iglesia vive en medio de la oposición del reino de las tinieblas. Hacer discípulos de Cristo implica entrar a territorio enemigo con el mensaje glorioso del Evangelio. Por eso, la iglesia debe orar. No avanzamos el Reino por mera estrategia humana, sino de rodillas, en dependencia del Dios que abre puertas y da poder a Su pueblo.
Además, avanzar el Reino implica sufrimiento. Pablo estaba encarcelado no por ser un delincuente, sino por predicar a Cristo. Su ejemplo nos recuerda que los que se involucran en esta obra deben estar dispuestos a padecer por el Evangelio. Y precisamente por eso, la oración es indispensable: solo Dios puede fortalecernos para perseverar con fidelidad cuando el costo de la obediencia se hace evidente.
Requiere consistencia en nuestra conducta
A partir del versículo 5, Pablo lleva a la iglesia de la oración a la acción. El creyente no solo debe pedir que el Reino avance; también debe vivir de una manera coherente con ese Reino. Cuando Pablo dice: “Andad sabiamente para con los de afuera”, está llamando a los cristianos a vivir vidas centradas en el señorío de Cristo.
Una vida gobernada por Cristo se hace visible en frutos concretos. No se trata de una espiritualidad abstracta, sino de una manera de vivir que demuestra que Jesús es Señor. La iglesia ha sido llamada a ser un testimonio viviente del poder transformador del Evangelio. Si en el libro de los Hechos el Espíritu Santo confirmó el mensaje con señales y milagros, hoy sigue dando testimonio del poder del Evangelio por medio de la predicación fiel de la Palabra y de vidas transformadas por la gracia.
Pablo también exhorta a los creyentes a aprovechar bien el tiempo. Esto significa redimir cada oportunidad para proclamar a Cristo: conversaciones, interrupciones, momentos inesperados y circunstancias difíciles. Muchas veces, la falta de evangelismo no se debe simplemente a falta de tiempo, sino a una falta de amor por Dios y por el prójimo. Pablo, aun preso, no pide que la iglesia ore para que cambien sus circunstancias, sino para que Dios le conceda seguir dando a conocer a Cristo en medio de ellas. Ese mismo llamado sigue vigente para nosotros hoy.
Requiere discernimiento al hablar
Finalmente, Pablo nos muestra que el avance del Reino también requiere discernimiento en nuestra manera de hablar. Nuestra conversación debe ser “siempre con gracia”. Esto significa que nuestras palabras deben reflejar la obra de la gracia de Dios en nuestro corazón. Lo que sale de nuestra boca revela lo que gobierna nuestro interior. Por eso, el Evangelio no solo transforma lo que creemos, sino también la manera en la que hablamos.
Pero Pablo añade algo más: nuestra conversación debe estar marcada por sabiduría y discernimiento. No se trata solo de hablar con amabilidad, sino de saber cómo responder a cada persona. El hablar cristiano debe estar saturado de verdad, gracia y aplicación sabia. Nuestras palabras deben ser instrumentos que edifiquen, ministren gracia y dirijan a otros hacia Cristo.
Conclusión
El Reino de Dios no avanza por medio de una iglesia distraída, conformista o silenciosa. Avanza por medio de una iglesia que ora con perseverancia, vive con consistencia y habla con sabiduría. Esa es la clase de iglesia que necesitamos ser en Dalhart: una iglesia de rodillas, una iglesia fiel en su testimonio y una iglesia cuya vida entera proclama que Cristo es el Señor.
