Quien es. este Jesús?

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Pastor: Carlos PErez M.A.T

Una noche, mientras Jesús cruzaba el mar con sus discípulos, una tormenta repentina convirtió un viaje tranquilo en una escena de terror. El viento golpeaba con fuerza, las olas azotaban la barca y el peligro era real. En medio de todo, Jesús dormía. Desesperados, los discípulos lo despertaron clamando: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!”. Entonces Jesús se levantó, reprendió al viento y al mar, y de inmediato todo quedó en calma. Ante semejante manifestación de poder, los discípulos se llenaron de asombro y formularon una pregunta que atraviesa todo el evangelio: “¿Quién es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?”

Esa misma pregunta sigue siendo la más importante para cada ser humano. Y una de las porciones que nos ayuda a responderla es la genealogía de Jesús en Lucas 3. A simple vista, puede parecer solo una lista de nombres, pero en realidad es una declaración teológica profunda. Lucas no está llenando espacio; está mostrando quién es Jesús y por qué solo Él puede salvar.

Lo primero que este pasaje nos enseña es que Jesús es el Mediador perfecto entre Dios y los hombres. Desde la caída de Adán, la humanidad quedó separada de Dios por el pecado. La justicia divina exige castigo, y el hombre, siendo pecador, no puede reconciliarse a sí mismo con un Dios santo. Por eso era necesario un mediador, alguien que pudiera representar verdaderamente al hombre delante de Dios y, al mismo tiempo, cumplir perfectamente lo que nosotros jamás pudimos cumplir.

La genealogía de Lucas subraya precisamente esta verdad: Jesús es verdaderamente hombre. El Hijo eterno de Dios entró en la historia humana, asumió nuestra naturaleza y vivió entre nosotros. No dejó de ser Dios, pero se hizo verdaderamente hombre para ocupar nuestro lugar. Solo así podía morir por el pecado y satisfacer la justicia de Dios. Pero no bastaba con que fuera hombre; también debía ser un hombre perfectamente justo. Y eso es exactamente lo que Cristo fue. Antes de iniciar su ministerio público, ya había vivido en perfecta obediencia a la ley de Dios. Donde Adán falló, Cristo venció. Donde nosotros pecamos, Él permaneció santo. De modo que Jesús no solo murió por su pueblo; también vivió la vida justa que su pueblo necesitaba. Por eso, Él es el Mediador perfecto.

Pero Lucas también quiere que veamos que Jesús es el Mesías prometido. Al conectar su linaje con David, el evangelista está demostrando que Jesús es el Rey esperado, el Ungido de Dios prometido en las Escrituras. Dios había prometido a David que levantaría de su descendencia un rey cuyo trono sería establecido para siempre. Esa promesa no encontró su cumplimiento final en Salomón ni en ningún otro rey terrenal, sino en Cristo.

Jesús vino a restaurar el reino de Dios entre los hombres. En el huerto del Edén, la humanidad se rebeló contra el gobierno del Creador y quedó bajo la maldición del pecado. Sin embargo, Dios no abandonó su propósito. Envió a su Hijo al mundo para redimir pecadores, destruir las obras del diablo y establecer su reino eterno. Por eso, cuando Jesús predicaba, anunciaba que el reino de Dios se había acercado. En Él, el reinado salvador de Dios irrumpe en la historia para rescatar, gobernar y transformar a su pueblo.

Además, Cristo no es solo el cumplimiento de las promesas hechas a David, sino también de las hechas a Abraham. Dios prometió que en su descendencia serían benditas todas las naciones de la tierra, y esa promesa alcanza su plenitud en Jesucristo. Él es el Mesías por medio de quien la salvación llega no solo a Israel, sino a hombres y mujeres de toda tribu, lengua, pueblo y nación.

Finalmente, todo esto nos conduce a una verdad aún mayor: Jesús es el Hijo eterno de Dios. Él no es meramente un maestro, un profeta o un líder espiritual extraordinario. Es el Hijo eterno, enviado por el Padre, hecho hombre para nuestra redención. Su poder sobre la creación, su obediencia perfecta, su cumplimiento de las promesas del pacto y su obra salvadora testifican que estamos delante de alguien infinitamente más grande que un simple hombre.

De modo que la pregunta de los discípulos sigue demandando una respuesta personal: ¿Quién es este Jesús? La respuesta bíblica es gloriosa: Él es el Mediador perfecto, el Mesías prometido y el Hijo eterno de Dios. Y precisamente porque Él es quien es, puede salvar por completo a los que se acercan a Dios por medio de Él.

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