Pastor. Carlos Perez. M.A.T
Pocas preguntas han acompañado tanto a la humanidad como esta: ¿Quién es Dios? Desde los comienzos de la historia, el ser humano ha buscado responderla. Aun así, algunos, a lo largo de la historia, han rehusado responder esta pregunta afirmando que Dios no existe, no por falta de evidencia, sino por una resistencia del corazón humano a someterse a la autoridad y soberanía de Dios.
Sin embargo, la Biblia nos enseña que el conocimiento de Dios no está oculto al ser humano. En Romanos 1:19–20, el apóstol Pablo afirma que lo que se conoce acerca de Dios es evidente, porque Dios mismo lo ha hecho evidente. Desde la creación del mundo, sus atributos invisibles —su eterno poder y su naturaleza divina— pueden percibirse claramente por medio de las cosas creadas. En otras palabras, la creación misma da testimonio de la existencia de Dios.
A esto se le conoce como revelación general. El orden del universo, la complejidad de la vida y la armonía que vemos en la naturaleza apuntan hacia la existencia de un Creador. La realidad del tiempo, el propósito observable en muchas cosas creadas y el funcionamiento ordenado del mundo reflejan la sabiduría de un Ser infinitamente superior y diferente al ser humano: Dios.
La historia también confirma esta realidad. El teólogo reformado Francis Turretin observó que, a lo largo de los siglos, los pueblos han desarrollado distintas teorías acerca de la naturaleza de la divinidad y acerca de cuántos dioses existen. Sin embargo, a pesar de sus diferencias conceptuales, todas las culturas coinciden en algo fundamental: existe una deidad que debe ser adorada.
Es por eso que se puede afirmar que aun la idolatría, aunque es una distorsión de la verdad, señala indirectamente hacia la existencia de un Dios verdadero. Los seres humanos pueden equivocarse acerca de quién es Dios, pero el impulso religioso universal muestra que el hombre reconoce que existe una realidad divina. En este sentido, el filósofo romano Cicerón afirmó:
“No hay nación tan intratable y feroz que, aunque ignore qué clase de Dios debe tener, no ignore que debe tener uno.”
Sin embargo, aunque la creación revela que Dios existe, no nos revela todo lo que necesitamos saber acerca de Él. Para conocer verdaderamente quién es Dios, necesitamos algo más que la revelación de la naturaleza. Necesitamos que Dios mismo se dé a conocer, y eso es exactamente lo que Dios ha hecho.
Dios ha hablado por medio de su Palabra. En las Escrituras encontramos la revelación clara de quién es Dios y cómo podemos relacionarnos con Él. Por esta razón, cuando buscamos responder la pregunta “¿Quién es Dios?”, debemos acudir a la Biblia.
La Confesión Bautista de Fe de 1689, basándose en las Escrituras, resume esta enseñanza en su capítulo 2, titulado “De Dios y de la Santa Trinidad.” Aunque este capítulo es breve, presenta de manera magistral algunas de las verdades fundamentales que Dios ha revelado acerca de sí mismo.
Al comenzar este capítulo, la confesión describe varias características esenciales del ser de Dios. Entre ellas encontramos que Dios es:
- Único o singular
- Autoexistente e independiente de la creación (aseidad)
- Simple
- Incomprensible
En esta primera parte vamos a enfocarnos en la singularidad de Dios.
La primera verdad que las Escrituras enfatizan acerca de Dios es su singularidad. Esto significa que Él es el único Dios verdadero y que no hay nadie comparable a Él.
Nuestra confesión de fe lo declara de esta manera:
“El Señor nuestro Dios es un Dios único, vivo y verdadero.”
Desde el principio de la Biblia encontramos esta verdad. Génesis 1:1 declara:
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
Este versículo no intenta demostrar la existencia de Dios; la presupone. Pero también establece algo más: Dios es el único Creador. Todo lo que existe depende de Él para su origen. El universo no es eterno ni autónomo; fue traído a la existencia por el poder de Dios.
Además, este versículo establece una distinción fundamental entre Dios y la creación. Dios no forma parte del universo. Él es completamente distinto de todo lo que ha creado. Él es el único que posee el poder de crear de la nada todo lo que existe.
Esta verdad se reafirma a lo largo de toda la Escritura. En Deuteronomio 6:4, Dios declara a su pueblo:
“Escucha, oh Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es.”
Esta declaración, conocida como el Shema, era central en la vida del pueblo de Israel. Vivían rodeados de naciones politeístas que adoraban múltiples dioses. Por eso Dios les recordó constantemente que solo hay un Dios verdadero. Esta verdad debía ser enseñada fielmente a cada nueva generación.
Los profetas también proclamaron esta misma realidad. En Isaías 45:18–22, Dios declara con absoluta claridad que no hay otro Dios fuera de Él. En este pasaje, el Señor contrasta su poder con la impotencia de los ídolos. Los ídolos no pueden crear, no pueden sostener el universo y no pueden salvar; pero, a diferencia de ellos, el Dios verdadero sí puede.
Él es el único que creó los cielos y la tierra, el único que sostiene la creación y el único que puede ofrecer salvación a la humanidad. Por eso Dios llama a las naciones a volverse a Él y ser salvas.
Al final, la Escritura responde claramente a la pregunta “¿Quién es Dios?”
Dios es el único Dios verdadero, el Creador de todas las cosas, el Sustentador del universo y el único Redentor que puede salvar.
Conocer esta verdad no es simplemente un ejercicio intelectual. Es el fundamento de nuestra adoración, de nuestra fe y de nuestra esperanza. Porque mientras más conocemos al Dios verdadero, más entendemos quiénes somos nosotros y más profundamente aprendemos a confiar en Él.
