57 Años Bajo la Fidelidad del Dios Vivo

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El pasado 26 de enero nuestra iglesia cumplió 57 años en Dalhart. Más que una fecha en el calendario, este aniversario representa décadas de gracia sostenida. Al mirar atrás, no vemos simplemente una historia de esfuerzo humano, sino un testimonio continuo de la fidelidad de Dios.

A lo largo de estos años hemos atravesado temporadas de gozo y también momentos de profunda dificultad. Hemos experimentado escasez económica, enfermedades, desafíos familiares y pruebas que pusieron a prueba nuestra fe. Sin embargo, en cada etapa el Señor ha permanecido constante. Él ha provisto cuando parecía no haber recursos, ha consolado cuando el dolor tocó nuestras puertas y ha respondido cuando clamamos en oración. Si algo define estos 57 años, es que Dios ha sido fiel.

Pero al celebrar, es importante recordar qué es lo que realmente estamos celebrando. No son nuestros logros, ni nuestra perseverancia, ni nuestras capacidades organizativas. Celebramos que el Dios soberano ha decidido morar en medio de su pueblo. El apóstol Pablo describe a la iglesia como “la casa del Dios vivo” (1 Timoteo 3:15). Esa expresión transforma nuestra perspectiva. No habla de un edificio ni de una institución religiosa, sino de una comunidad redimida en la cual Dios mismo habita.

Desde el principio de la historia bíblica vemos este deseo divino: Dios caminando con Adán en el huerto, habitando en medio de Israel en el tabernáculo, llenando el templo con su gloria, y finalmente encarnándose en Cristo. En el Nuevo Pacto, esta promesa alcanza una profundidad aún mayor: nosotros somos el templo del Dios vivo. Él habita en y entre su pueblo por medio de su Espíritu.

Esa realidad nos llena de asombro. El Dios que no puede ser contenido por los cielos ha decidido habitar entre pecadores redimidos. Durante 57 años su presencia ha estado con esta congregación, no por nuestra perfección, sino por su misericordia. Y esa verdad nos da estabilidad: si mañana tuviéramos que reunirnos en otro lugar, seguiríamos siendo la iglesia, porque la iglesia no es el edificio; la iglesia es el pueblo en quien Dios mora.

Sin embargo, este privilegio no es meramente contemplativo. Ser la casa del Dios vivo implica propósito. Hemos sido llamados por Dios para reflejar su carácter en Dalhart y más allá. En el Antiguo Testamento las naciones venían al templo para contemplar la gloria de Dios; ahora, en Cristo, Dios envía a su templo viviente al mundo para anunciar sus virtudes. Somos un pueblo llamado de las tinieblas a su luz admirable.

Por eso, al recordar estos 57 años, no solo miramos atrás con gratitud; también miramos adelante con responsabilidad. Nuestro llamado es conocer la verdad de Dios, vivirla con integridad y proclamarla con fidelidad. La misma presencia que nos ha sostenido en el pasado nos impulsa hacia el futuro.

Celebramos, entonces, no nuestra historia, sino al Dios que ha escrito cada capítulo. Y confiamos en que el Dios vivo que ha estado con nosotros continuará guiándonos para que su nombre sea conocido y su gloria reflejada en nuestra comunidad.

Pastor Carlos A. Perez. Th.M M.A.T-BC

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